CULTURA Y TRADICIÓN HISTORIA

Origen y significado de La Catrina

“La muerte, es democrática, ya que a fin de cuentas, güera, morena, rica o pobre, toda la gente acaba siendo calavera”

 

José Guadalupe Posada (1852-1913)

 

La evidente desigualdad e injusticia social que existía en los años denominados del Porfiriato, fue una realidad cuestionada por la prensa no oficial o de combate: hojas volantes, periódicos, panfletos, todos ellos ilustrados por grabados que con irónicas descripciones, manifestaron el sentir de la vida cotidiana, ejemplificando asuntos políticos, de nota roja, eventos sociales o eventos de la naturaleza tales como temblores, inundaciones, situaciones de toda índole que alimentaron y fueron alimentados, por el imaginario popular y colectivo. Para un pueblo mayoritariamente analfabeta, el grabado fue un instrumento de comunicación mediante el cual no solo se reflejaron, sino se identificaron. De aquellos grabados surgieron personajes que se tornarían icónicos en el Arte Mexicano,  muchos de autoría anónima, otros de cuyos autores la historia se encargó de encumbrar o de eclipsar.

En la Ciudad de México, en la calle de Moneda, existió un taller que alcanzaría fama y renombre por su dueño y por sus colegas, el taller de Antonio Vanegas Arroyo. Uno de esos colegas fue el ilustrador-grabador Manuel Manilla (1830-1895), el primero que humanizó y caricaturizó a la muerte con sus calaveras que retrataban a los personajes de la época  como Aquiles Serdán, y tan cotidianas como las garbanceras.

 

Manuel Manilla. ¡Rebumbio de Calaveras de Catrines y Borrachos de Viejos y de Muchachos de Gatos y Garbanceras! publicado por Vanegas Arroyo. México. ca. 1890
 

 

Un personaje clave para la crítica social fue la figura del catrín tan en boga en los finales del siglo XIX y el naciente siglo XX, adjetivo que definía a un hombre elegante y bien vestido, de refinados modales y que conformó la imagen clásica de la aristocracia mexicana de esos tiempos. Un personaje, que quizás, no tenía la postura económica pero si el toque, la apariencia y el roce para insertarse en las altas esferas sociales del Porfiriato.

Paralelamente en las clases menos pudientes surgió un tipo social que aparentaba abolengo y clase, renegando de sus orígenes indígenas, mestizos y humildes. Un grupo de nuevos ricos que copiaban las modas europeas y a los cuales se les conocía con el sobre nombre de Garbanceros.

Y como la muerte no discrimina, y la ironía y el sarcasmo alimentan, surge del punzón crítico de José Guadalupe Posada la entonces conocida  Calavera garbancera. Una imagen que tan solo hacía énfasis en el cráneo y  en el enorme y floreado sombrero que la engalanaba y daba personalidad. Con esa sonrisa irónica, burlona y al mismo tiempo amenazante.

Siendo uno de los caricaturistas más notables del Porfiriato —aunque la fama y el reconocimiento llegaran décadas después—, Posada  logró plasmar mediante sus grabados, el sentir del pueblo, ironizando a las clases altas, los convencionalismos de la época y los estereotipos de los mexicanos, muchos de los cuales se volverían referente durante la llamada Época de Oro del cine mexicano.

 

Remate de Calaveras alegres y sandungueras. Publicado por Vanegas Arroyo. México. 1913

 

¿Pero cómo fue que la Garbancera cambio su nombre a Catrina?

En el año de 1947, el arquitecto Carlos Obregón Santacilia propone al reconocido pintor Diego Rivera, la realización de un mural para el salón comedor Versalles del Hotel del Prado. El tema propuesto para la obra fue la Alameda Central, por su cercanía con este importante parque público. En dicho mural titulado Sueño de una tarde dominical en la Alameda Central, Rivera representó a la calavera garbancera no sólo con el sombrero que Posada le creó y que representaba a aquel que quiere aparentar “ser más” de lo que es, por eso es exagerado y enorme, sino con toda una vestimenta propia de las damas de sociedad del Porfiriato en el que destaca  una golilla de plumas que evoca a Quetzalcóatl. Interesante es el detalle que la Catrina va del brazo de su creador Posada, quien viste “muy catrín”.

A partir de ese momento, lo que fue una imagen de burla y sátira de un momento de transición entre el Porfiriato y la Revolución, se revalorizaría para surgir como un ícono de las diferencias sociales, de la muerte y la vida, del cotidiano colectivo.

Emblema de las festividades de Día de Muertos, se ha transformado en un ente con valor en sí misma, de carácter festivo y burlón, de burgués con clase, pero también representa a todo aquel muerto anónimo, a la injusticia. Icono de lo mexicano con carácter universal.

 

Calavera de la Catrina del portafolio de 36 Grabados de José Guadalupe Posada, publicado por Vanegas Arroyo. México, ca. 1910.

 

 

 

 

 

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