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10 obras que explican los colores CÁLIDOS y FRÍOS

Cuando comenzamos a hablar de colores cálidos y fríos inmediatamente nos trasladamos a atmósferas de diferentes temperaturas; al Ártico, lo asociamos más con el azul y violeta, mientras que el desierto figuraría inmediatamente con los colores rojo y amarillo.

En el arte es posible hablar también de una sensación de temperatura. Para poder asimilar mejor el tema, observemos el círculo cromático, el cual nos muestra, de manera directa, los colores que participan en el contraste cálido-frío: en el lado derecho del círculo se encuentran los colores rojos-anaranjados (amarillo, amarillo-anaranjado, anaranjado, rojo-anaranjado, rojo y violeta-rojo), los cuales son generalmente considerados como colores calientes, y a la izquierda están los colores azul-verde (amarillo-verde, verde, azul-verde, azul, azul-violeta y violeta) que son los colores fríos.

 

El círculo cromático es un esquema muy general que nos sirve para diferenciar los colores cálidos y fríos, sin embargo, existen también otras maneras de poder definir cuando estamos hablando de colores o atmósferas frías o cálidas. Algunos de los criterios que Johannes Itten menciona en su libro el Arte del Color (1975) son los siguientes:

  • Sombreado-soleado
  • Transparente-opaco
  • Apaciguador-excitante
  • Aéreo-terroso
  • Lejano-próximo
  • Ligero-pesado

Estas diferentes maneras de producir un efecto muestran las innumerables posibilidades de expresión del contraste cálido-frío. Por ejemplo, los objetos situados en la lejanía parecen siempre más fríos. Asimismo, los colores fríos parecen más transparentes y ligeros que los colores cálidos, los cuales brindan una sensación más pesada a causa de ser más opacos. En relación al criterio aéreo-terroso, el dominio de los tonos fríos se detiene ante el reino del alma y de lo sobrenatural que se expresa a través del azul, mientras que los tonos rojos se asocian más con la vida infernal y terrenal.

Por lo que en el arte se pueden hallar diversas formas de contraste cálido-frío; algunos de ellos serán más sutiles como los logrados por los impresionistas, pero existen contrastes más altos, fuertes y a veces, minimalistas, realizados por artistas modernos y contemporáneos. A continuación, mencionaremos algunas obras maestras que muestran ejemplos del contraste caliente-frío.

 

 

Giotto. Adoración de los Reyes Magos (1304-1306). Capilla de los Scrovegni.

La Adoración de los Reyes Magos (1304-1306) de Giotto es uno de los frescos de la capilla de los Scrovegni también llamada capilla de la Arena, en Padua, Italia. La composición está dividida en dos secciones: el cielo, que conforma en este caso, el polo frío y lejano, y por otra parte, está la escena del pesebre, en la que rondan toda la gama de colores del polo caliente. Esta pieza es un ejemplo de cómo el contraste caliente-frío permite hacer composiciones con atmósferas celestes y divinas.

 

 

Matthias Grünewald. El concierto de los ángeles y Navidad (1512-1516). Museo de Unterlinden de Colmar, Alsacia, Francia. Foto©Jörgens.mi

La obra El concierto de los ángeles y Navidad (1512-1516) del pintor alemán Matthias Grünewald es un ejemplo muy claro de cómo el artista recurrió al contraste cálido-frío para realizar una composición con atmósfera musical. Se trata de una obra que conforma parte del gran Retablo de Isenheim, que se encuentra en el Museo de Unterlinden de Colmar, Alsacia, Francia. En la obra los colores fríos son los que representan la lejanía e inmensidad, mientras que los colores cálidos se acercan con magia y devoción.

 

 

El vitral La belle verriere de la Catedral de Chartres (siglo XII).

En este vitral, La belle verriere de Chartres, podemos ver un alto y resplandeciente contraste de frío-caliente, a través del uso del color rojo y azul, pues el vidrio transparente ofrece, dependiendo de la hora del día, una luminosidad y resplandor tan fuerte como el de las piedras preciosas.

 

 

Camille Pissarro. Dos mujeres conversando junto al mar, Saint Thomas, Antillas Danesas. 1856. National Gallery of Art, Washington.

Dos mujeres conversando junto al mar, es una pintura de Camille Pissarro en la que se puede observar un aspecto especial del contraste cálido-frío; a pesar de que la escena, en general, tiene una atmósfera caliente, el vestido de una de las mujeres es de color azul, el cual hace un sutil contraste cálido-frío con todo los elementos de la composición.

 

 

Claude Monet. Parlamento de Londres. Atardecer. 1904. Kunsthaus Zürich.

Cuando Monet se dedicó por completo al paisaje, observó y estudió, como todos los impresionistas, cómo los cambios de tiempo modifican la intensidad de la luz: “Había observado que los colores locales de los objetos se disolvían en toques de colores a causa de la acción de la luz y de la sombra y de los múltiples rayos luminosos: estos colores tenían variaciones de tonos calientes y fríos y no claros y oscuros. En sus paisajes el empleo del contraste cálido-frío” es gradual, en el que existen toda una gama tanto de tonos cálidos como fríos.[1] 

 

 

Pierre-Auguste Renoir. Baile en el Moulin de la Galette. 1876. Museo de Orsay, París.

“Los impresionistas vieron cómo el azul transparente del cielo y de la atmósfera se oponía siempre a los tonos calientes de la luz del sol”.[2] En esta obra de Renoir, el Baile en el Moulin de la Galette, se puede observar el juego pictórico que el artista realizó a base de hábiles modulaciones de colores cálidos y fríos.

 

 

Paul Cézanne. Arlequin. ca. 1889. National Gallery of Art

El Arlequin de Paul Cézanne es un óleo creado también a base de un alto contraste de colores cálidos y fríos. El traje del arlequín lleva el rojo, el color activo, el cual se hace más fuerte y luminoso por su cercanía con el negro. De escenario, el arlequín tiene un fondo poblado de colores azules-verdes, que otorgan quietud y tranquilidad a la escena.

 

 

Georges Seurat. Tarde de domingo en la isla de la Grande Jatte. 1884. Art Institute of Chicago

En esta famosa obra de Seurat, Tarde de domingo en la isla de la Grande Jatte, podemos ver la versatilidad del violeta para ser frío y también caliente. En toda la obra aparece en diferentes puntos, la misma sensación de violeta, pero cuando el violeta está rodeado por colores cálidos, cercanos al amarilo-rojo, se torna más frío, y cuando los colores que lo rodean son más cercanos al azul-verde se vuelve cálido.

 

 

Mark Rothko. No. 1 (Royal Red and Blue). 1954. Colección privada

No. 1 (Royal Red and Blue) es el título de esta magnífica pieza de Mark Rothko realizada en 1954, en la cual se puede apreciar el contraste caliente-frío en su expresión más avanzada: el contraste rojo-anaranjado frente al azul.

 

 

Joan Miro. Bleu II.1961© Successió Miró / Adagp, Paris. Foto: © Philippe Migeat – Centre Pompidou, MNAM-CCI /Dist. RMN-GP

Joan Miró trabajó con gran perspicacia la abstracción, con un estilo minimalista. En la pieza Bleu II, el negro marca el ritmo del movimiento, mientras que el azul juega con el rojo aludiendo a la tierra, el cielo y la vida. Esta pieza muestra el mismo contraste cálido-frío de la pieza de Rothko pero en proporciones invertidas.

 

 

 


[1] Itten, Johannes. Arte del Color. Aproximación subjetiva y descripción objetiva del arte. Editorial Bouret. Francia. 1975

[2] Ídem. p. 30

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