CINE PINTURA

Arte queer antes de lo queer: La tragedia de Marsden Hartley

 


 

Un corpulento hombre de camisa roja y mangas largas porta una flor. El fondo es azul en diferentes grados de matiz. ¿Por qué sostiene dicha flor? En la cédula de pie de objeto se lee que se trata de la obra Cleofas, comandante del Gilda Gray, óleo sobre cartón manufacturado entre 1938 y 1939 por Marsden Hartley. El personaje es un amigo del pintor, protagonista de una tragedia personal. Más interesante, en medio de la seria y enciclopédica muestra en la que se encuentra la pieza en cuestión, el autor del citado texto afirma: “la presencia de una rosa en el cuadro, símbolo empleado por el artista para indicar el anhelo sexual, al igual que el luto, tal vez hace alusión a la intensidad de su relación.” Pero, ¿de dónde sale semejante interpretación? ¿Por qué el artista desearía sexo con esa persona? La ambigüedad del texto de sala mueve mi curiosidad.

Arte muy norteamericano fue una muestra presentada en el Museo Dolores Olmedo, y que combinaba obra del Museo de Arte Moderno de San Francisco y el Walker Art Center de Minneapolis. Según el boletín de prensa, el espectador vería obra del modernismo americano realizado entre 1900 y 1950, merced a artistas como Alexander Calder, Edward Hooper, Georgia O’Kefe, Stuart Davis, Milton Avery, entre otros. Es sin embargo la obra de Marsden Hartley (1877-1943) la que llama mi atención.

 

Marsden Hartley, Cleophas, Master of the “Gilda Grey“, 1938-1939, óleo sobre cartón, Walker Art Center

 

La revisión historiográfica sobre el autor me lleva a lo siguiente: Expuso por primera vez en México en la Galería de la Escuela Nacional de Artes Plásticas en 1933 y dentro de la crítica e historia del arte, el artista figuraba más o menos de manera importante en las monografías, diccionarios y libros en general sobre arte norteamericano hasta los años sesenta. A partir de la década siguiente, Hartley era más bien un artista de diccionario, pero no de las grandes narrativas que en esos años se publicaban. En los ochenta, silencio. Empero, el artífice regresa por sus fueros a la historiografía a mediados de los años noventa, revisitado y descifrado como uno de los protagonistas en el arte de dos corrientes de interpretación contemporánea muy importantes en las Humanidades: los estudios lésbico-gay y la Queer Theory.[1] Al mismo tiempo, me percato que la obra expuesta en el Dolores Olmedo tiene reverberaciones en el siglo XXI, lo que no sucede con muchas de las pinturas que penden a su alrededor, Hartley es un artista de la primera mitad del siglo XX, pero cuya obra ha comenzado a tener un efecto tangible setenta años después.

Es entonces que también comprendo las líneas del texto de la exposición, que en un principio me habían parecido ambiguas y hasta fuera de lugar en una muestra de tipo lineal y esquemático como la arriba citada. Stephen Goode resume elocuentemente la forma en que se ha valorado el trabajo de Hartley: “Marsden Hartley’s ability to paint in a variety of styles seems to have left his reputation in limbo, but he deserves mention as one of the great American artists.”[2]

La tragedia de Hartley se remonta a sucesos de 1935 y 1936, años en los que el pintor gustaba de pasar temporadas en una remota aldea en una isla perteneciente a la provincia canadiense de Nueva Escocia. El artista se mudó entonces con una familia de pescadores pobres, los Mason. Inmediatamente congenió con el patriarca, Francis, a quien pintó algunos años después en la pieza aquí referida, pero bajo el nombre de Cleofás. Hartley admiraba a los Mason por su constancia y empeño en salir adelante y su resistencia a las adversidades.

La literatura gay y queer sobre el pintor revela que este sostenía una relación cercana, tal vez homoerótica con el hijo mayor, Alty, joven de físico vigoroso y personalidad carismática, a quien rebautizó Adelard en un retrato póstumo. De hecho, el mismo Marsden Hartley, en su afectada redacción, describió que Alty Mason “lives utterly for the consummate satisfaction of the flesh, the kind of flesh making no difference.” Claramento nos intenta decir que el mozo Mason era bisexual o al menos, receptivo a la carne de hombre.

La felicidad del artista llegó a su fin en 1936, cuando en una tormenta, su amigo Alty, junto a un hermano y un primo, desaparecieron durante la jornada de pesca, solo para reaparecer muertos algunos días después. La desmoralización de la comunidad fue absoluta, y Hartley nunca se recuperó del todo de la pérdida.

Screenshot de la pelicula Cleophas and His Own

 

Para lidiar con su dolor, el pintor redactó un poema de tipo épico que llamó Cleophas and His Own: A North Atlantic Tragedy, en el que cambió los nombres de los personajes reales y que posteriormente utilizó para realizar los retratos. El texto era un manuscrito privado e inédito que no fue conocido sino hasta que fue encontrado en el estudio de Hartley tras su muerte y no fue publicado hasta 1987, cuando Nueva Escocia organizó una muestra en honor del artista. En el escrito, Hartley narra su estadía en la isla como la experiencia más rica de su vida, y admiraba a los Mason, de hecho, los idealizaba como parangones de fuerza y resistencia masculinas.

 

Screenshot de la pelicula Cleophas and His Own

Conmovido, perseguido por el relato, el otrora cantante de ópera norteamericano Michael Maglaras, redactó un guion, del que filmó una película de dos horas y media, Cleophas and His Own, en 2006, que sigue de manera lineal lo hecho por Hartley, y se basa en los retratos pictóricos que realizara el autor a finales de la década de los treinta. La tragedia del amor perdido deja una miríada de interrogantes ¿qué es lo que motiva tanta curiosidad sobre la relación entre Alty y Hartley? ¿La tragedia universal de la pérdida? ¿O tal vez las condiciones en que ella ocurrió? ¿O será la tragedia que construimos en la mente, que conduce a imaginar una devastación tan amarga y cruel que cala hasta lo más profundo del miedo existencial? ¿La tragedia de la familia, pobre y marginada, que es mutilada del elemento base que le daba vida y esperanza? Y en el caso del artista, ¿la tragedia de aquel otoñal hombre que pierde la luz y tal vez con ello su última posibilidad de arraigo? En estas últimas dos subyace el culto a la juventud y al amor platónico, y muy probablemente la fijación anglosajona por el final esperanzado y de buenaventura.

 

Screenshot de la pelicula Cleophas and His Own

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


[1] Baste citar los importantes trabajos Speaking for Vice (1993) de Jonathan Weinberg, que aborda la perspectiva homosexualista en la historia del arte y que se basa en la obra de Hartley y Charles Demuth, y la muestra In a Different Light (1995) sobre lo queer en el arte, organizada en el University Art Museum de Berkeley.

[2] Stephen Goode, “Hartley’s Talent”, en Insight in the News, Julio 22 de 2003, Insight. FindArticles.com. 28 Oct. 2008. http://findarticles.com/p/articles/mi_m1248/is_n4_v82/ai_15105609

 

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