ARTE Y PEDAGOGÍA

Maestros creativos, alumnos creativos

Conseguir creadores,

no importa en qué campo se aplique.

Lowenfeld V.

 

Cada niño tiene un talento, cada niño posee la habilidad de ver el mundo de forma diferente. Como un caleidoscopio de innumerables colores. Si pretendemos que los alumnos aprendan de la misma forma, con los mismos métodos y en espacios que poco invitan a la creatividad es probable que fracasemos en nuestro intento, y si lo que se quiere lograr no solo es el aprendizaje sino, despertar y desarrollar en el alumno sus propios talentos; no el que dicte el programa de estudio o siquiera el que el maestro “ordene” como el mejor, el camino es el convertirse en un maestro creativo.

En otras entradas he mencionado que el dibujo es un medio de comunicación que se da a través de diversos lenguajes; uno de ellos es a través del manejo de diversos materiales plásticos y técnicas que favorecen el proceso creador. Lo importante es el desarrollo de la expresión espontánea, la observación y apreciación, así como favorecer la estimulación y sensaciones placenteras que brinda la actividad artística y no la búsqueda de una obra maestra.

No debería olvidarse la capacidad de asombro ante lo que se va descubriendo y la curiosidad innata que se tiene desde la infancia. Dicha capacidad hace que el niño vaya aprendiendo a ver las situaciones ordinarias con nuevos ojos, que le permitan descubrir lo que a causa de la rutina dejó de observar. En resumen, estimular al niño a ver lo que otros no ven.

En este punto, el docente es una pieza fundamental que guardará congruencia al momento de intentar que sus alumnos realicen una actividad artística. Se convierte en guía que orienta y motiva para enseñar y aprender y dejar de ser el que lo sabe todo. Está dispuesto a sorprender a sus alumnos con algo nuevo en cada clase.

No solo basta con poseer el conocimiento y dominio necesario de la materia a impartir si no contar con una personalidad sensible que lo llevará a ser tolerante y abierto, a entrenarse para tener una actitud que le permita reconocer las necesidades que encaminaran el desarrollo creativo de sus alumnos. Debe fomentar la empatía y saber escuchar con paciencia todos.

He aquí algunos puntos importantes a considerar sobre la actitud del profesor frente a sus alumnos:

Dejar de dar órdenes o establecer reglamentos demasiado rígidos: Cuando no sé es flexible en la mente en el salón de clases se torna tenso, el alumno realiza las actividades por obligación sin involucrar un interés real en utilizar el dibujo como medio de expresión que lo saque del estrés que le ocasionan otras situaciones.

Fomentar un ambiente apropiado en el que el alumno tenga la oportunidad de dar su aportación personal: El profesor dejará de lado la imposición a su criterio para tomar en cuenta las opiniones de cada alumno, aceptando las respuestas variadas que se den a diferencia de las que esperan

Dar libertad y confianza para que expresen sus ideas: El profesor se convierte en motivador abierto al cambio, que toma y analiza las ideas de sus alumnos, aunque algunas de estas parezcan de las más “absurdas o imposibles”. El niño tiene que percibir que no será juzgado de forma negativa, que tiene libertad de equivocarse y cometer errores.

Propiciar la participación: Como orientador debe de cuidar que el grupo funcione correctamente participando todos; demostrándoles que se confía en ellos y en sus habilidades; ya que, cada uno es capaz de aportar algo diferente y de enseñar algo nuevo a los demás.

Adaptarse al niño y no él al profesor: Sin importar qué, debe ser profundamente sensible y tolerante para no intentar imponer su personalidad al alumno; pues cuando se hace, aunque sea inconscientemente la libertad de expresión no es lograda.

Favorecer el autodescubrimiento del niño y estimular la capacidad de expresión: En el profesor recae la tarea de crear una atmósfera que motiva el invento y la exploración a la producción. Insistiendo en la observación, estímulo de los sentidos y de la percepción. No dejar perder la curiosidad, la intuición, la imaginación y la seguridad.

Individualizar los ritmos de aprendizaje: Para este profesor debe contar con el conocimiento del desarrollo evolutivo del niño y de las etapas de la expresión gráfica; deberá tener en cuenta que no todos aprenden o desarrollan habilidades en un mismo tiempo; sin embargo, la técnica que utiliza será primordial en la cohesión de grupo para llegar a su objetivo.

Favorecer el juego y el manejo de materiales poco habituales: El profesor debe estar dispuesto involucrar en su clase el juego como didáctica, liberando a sus alumnos de la monotonía; así como, el de ofrecer materiales no convencionales para su uso y experimentación. Lograr que los niños mantengan interés y una expectativa diferente de la clase; ya que su profesor es innovador y capaz de asombrarlos.

Observar el proceso: El profesor da las indicaciones pertinentes a seguir en el trabajo, pero no interfiere en el proceso creativo, se mantiene distante, alerta para ayudar a un niño si es que lo necesita, este debe de experimentar y sentirse cómodo con lo que ha hecho.

Su actitud debe ser abierta y positiva: Mostrará satisfacción frente a una producción infantil; jamás se le dice a un niño que dibuja feo o que no sabe hacerlo, esto provoca desaliento y baja autoestima en el niño, por lo que no querrá intentarlo nuevamente, se debe halagar por el efecto motivacional. No es conveniente reprender, sino enseñar una nueva dirección que lleve a la satisfacción al niño. Esto no significa que no haya que corregir malos hábitos.

No deshacerse de lo que pintan los niños: No se recomienda el borrar o eliminar los trabajos que se realizaron y no obtuvieron el resultado esperado. Mejor dar la oportunidad de seguir experimentando, de mejorar técnicas para que la repetición no se convierta en un castigo.

Ser claro y preciso: el profesor debe de dar las indicaciones de forma simple y específica, para que el niño sepa qué es lo que se espera de él. Sin dar tantas explicaciones que lo confundan.

Profesores y padres trabajarán en conjunto para evitar que se reprima la fantasía y la espontaneidad al darle más importancia al resultado final que al esfuerzo y originalidad de lo que plantea el niño.

El estímulo de la capacidad creativa desde la infancia se apoya en las acciones de percibir, reflexionar, imaginar, sentir, hacer y decidir. La tarea tanto de profesores como de los padres es proporcionar ése estímulo que ayude al niño a formar archivos de experiencias, logrando ver lo que otros no ven.

 

“Hoy abramos la puerta de nuestro corazón y miremos hacia fuera para ver pequeñas gotas unirse al glorioso sol…”, “…Míralos como gotas frescas de rocío…”, “…Ellos nos traen alegría en la oscuridad. No perdamos estas estrellas en la tierra…” 1

 

 

 

 

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Deisy Mateos Santos. Creadora de ImaginARTE Iniciativa enfocada en la iniciación a la educación artística con una perspectiva humanista y sensible desde la inteligencia emocional.


1Fragmentos de soundtrack de la película: Taare Zamen Par, Director Aamir Khan, Año 2007.

Cfr. Ernesto Fabregat, El dibujo infantil: aspecto histórico de la enseñanza del dibujo, Editorial Fernández, México, 1970; Tudol Powel Jones, El educador y la creatividad del niño, Narcea, Madrid, 1973, pp.40-42; Mari Carmen Díez, Arte en la escuela infantil, Novedades educativas, Buenos Aires, 2006.

©Fotos tomadas en el Taller IMAGINARTE: creatividad con emoción.

 

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