PINTURA

Rembrandt. Sobre la luz y la bellaza en el arte

Uno de los artistas que lograron un dominio absoluto del estudio de la luz en la pintura fue el pintor y grabador neerlandés Rembrandt Harmenszoon van Rijn (1606-1669), para él “la luz intensa no era producto únicamente de grandes contrastes, y por otra parte los colores intensos no ayudaban a crear luces intensas. La solución consistía en iluminar los colores, es decir, en aclararlos proporcionalmente a la luz recibida. Con estas ideas y con un estudio constante de la naturaleza, Rembrandt llegó a dominar como ningún otro artista el arte del claroscuro”.[1]

 

Rembrandt. La ronda de noche o La milicia del capitán Frans Banning Cocq, 1642. Rijksmuseum de Ámsterdam

 

La Ronda de la noche es uno de las obras más celebres de la pintura holandesa. Rembrandt tuvo influencia del tenebrismo de Caravaggio, lo cual podemos constatar a través de los efectos especiales de luz y sombra que el perseguía. En la mayoría de sus composiciones, el objeto principal está iluminado por una luz dirigida que viene del lado izquierdo. Es muy interesante observar cómo los objetos que quedan en la sombra son aún visibles por la luz que el pintor logra otorgar a través de diversas gamas de tonos claros y oscuros.

Aunque durante su juventud Rembrandt obtuvo un éxito avasallante con sus dibujos y pinturas, sobre todo con aquellos retratos que realizó para sus contemporáneos, sus últimos años los vivió en soledad y en ruina económica. Rembrandt no recibió más encargos de pintura por discordias artísticas y enemistades. Situación que lo llevó a aislarse, y terminar pintándose él mismo, llegando a realizar un total de 60 autorretratos.

Los retratos y autorretratos de Rembrandt son un espejo de la condición humana, que reflejan, sin velo alguno, el alma del retratado, incluso de él mismo:

“Rembrandt no trató nunca, ciertamente, de disimular su fealdad; se contempló con absoluta sinceridad en un espejo; y a esta misma sinceridad se debe el que dejemos de preocuparnos en seguida de la belleza o del aspecto exterior. Este es el rostro de un verdadero ser humano; no hay en él, el menor rastro de pose ni de vanidad, sino solamente la penetrante mirada de un pintor que escruta sus propias facciones, siempre dispuesto a aprender más y más cerca de los secretos del rostro humano. Sin esta comprensión profunda, Rembrandt no podría haber creado sus grandes retratos”.[2]

En la mayoría de sus retratos, el fondo tiene un tratamiento suave, como se puede observar en este autorreatrato realizado en 1695. El área de penumbras y sombras no poseen tanta textura, realizada con empastes de pintura, como las zonas en donde se acerca la luz, en donde el empaste se hace más visible, acentuado con blanco.

Rembrandt. Autorretrato. 1659. National Gallery of Art, Washington.

Rembrandt. Autorretrato (detalle), 1659. National Gallery of Art, Washington.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


[1] Parramón, J.M. Historia de la pintura al Óleo. Parramon Ediciones. 2008. p.188.

[2] Gombrich, E. H. La historia del arte. 16ªed., PHAIDON, 2018, p.422.

 

 

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