CULTURA Y TRADICIÓN GRABADO

LA IMPRENTA RELIGIOSA DEL CORREO MAYOR

Mucho se ha escrito de la Imprenta de Antonio Vanegas Arroyo, famosa por los cancioneros y hojas volante ilustradas por Manilla y posteriormente por Posada, sin embargo la imprenta que sería a partir de la primera década del siglo XX su competencia directa, y finalmente depositaria de la tradición del impreso popular —en específico del religioso y devocional, por el cual subsistió una vez desaparecida la tradición de la hoja volante y los cancioneros, fue la Imprenta Religiosa del Correo Mayor propiedad de Eduardo Guerrero (1863-1959)[1], activa durante más de 110 años viviendo en carne propia la evolución de las artes gráficas, movimientos sociales en nuestro país como la Revolución Mexicana, la Guerra Cristera etc., siendo la única imprenta exclusivamente religiosa durante muchas décadas, esta condición le dio status importante en toda la república mexicana, sobreviviendo de glorias pasadas y cerrando sus puertas de manera silenciosa a inicios del siglo XXI sin ser estudiada incluso por los estudiosos en el tema del impreso mexicano.

 

ESBOZO FUNDACIONAL

No hay datos precisos del año de su fundación, pero en 1900 ya funcionaba en la Calle de Ortega número 15 (actual República de Uruguay)[2], se cree que procede de la imprenta de Antonio Guevara, la cual editaba romanceros y corridos a fines del siglo XIX[3],  posiblemente haya sido adquirida por Guerrero o al menos obtuvo los derechos de reproducción comprándolos a los herederos del impresor, ya que a inicios del siglo XX, Guerrero publicó gran parte del repertorio de esta casa editora.[4]

Alrededor de 1915 se instala en Correo Mayor 101, las primeras oraciones de las cuales se tienen noticia datan de 1916, ya impresas sobre papel revolución; fueron realizadas en impresión tipográfica y en linotipo[5], median 11 x 8 cm aproximadamente, la mayoría ilustradas con grabados de Manilla, de hecho esta casa editora fue una de las últimas que desde su fundación utilizaba las planchas de este grabador y algunas de Posada, aunque en menor cantidad[6]. Las portadas inicialmente se acompañan de decoraciones florales emulando al art noveau, en poco tiempo se volvieron sencillas en cuanto al diseño, ya que solo mostraban títulos devocionales y la imagen de la advocación consagrada.

Los pies de imprenta con los que aparecían las novenas, triduos, alabanzas y oraciones se pueden leer nombres alternativos de esta editora en el giro de impresos religiosos: Imprenta Religiosa del Correo Mayor o E. Guerrero Correo Mayor 101 y décadas más tarde E. Guerrero Correo Mayor 100 siendo su ubicación definitiva hasta su desaparición.

 

 

LA BONANZA DEL IMPRESO RELIGIOSO, LA ÉPOCA DE ORO DE EDUARDO GUERRERO

Durante los años de 1940 hasta 1950 Guerrero vio la gran demanda que tenían las impresiones religiosas  y comenzó a expandir su catálogo de oraciones, triduos y novenas sustituyendo los grabados por fotograbados. Estos partían de fotografías tomadas de algunas imágenes de las iglesias ubicadas en el centro de la Ciudad de México que se vendían en establecimientos fotográficos y mayormente de algunos cromos publicados por Galas de México. En esta época aún se utilizan los linotipos, y se dejan de fechar las oraciones, es decir, algunas ediciones solo poseen pie de imprenta más no año de impresión, otras incluso fueron publicadas sin datos del impresor. Su catálogo religioso para ese entonces estaba conformado por más de 180 títulos que se ofrecían en un cuadernillo editado en el mismo formato utilizado para las oraciones, el cual se dividía en un listado de oraciones, novenas y alabanzas, este cuaderno se distribuía de manera gratuita entre la clientela que adquiría impresos de manera frecuente y compraba incluso cientos de estos  para revender en puestos callejeros, pues se hacían extensos tirajes  al mes de acuerdo a las solicitudes de los clientes.

A la muerte de Eduardo Guerrero en 1959, la familia del impresor quedó a cargo del pequeño taller, el cual se orientó casi de forma exclusiva a reimprimir una y otra vez novenas, triduos, alabados y oraciones[7]. Aún tenía un liderazgo entre los vendedores de artículos religiosos, pero lamentablemente comenzaría a mermar el repertorio de la imprenta Guerrero, esto aunado a los cambios de propietarios; cuando la familia Guerrero decidió dejar a los empleados la imprenta como pago por liquidación[8].

 

 

LA ÚLTIMA ETAPA: EL DOLOROSO OLVIDO

En la década de los ochenta del siglo XX, la imprenta aún gozaba de cierta popularidad, aún se utilizaba el papel revolución, para imprimir oraciones a santos solicitados cotidianamente como la Oración al Cien réquiem a las ánimas del purgatorio, la Novena a la Virgen de Guadalupe y la Oración a San Martin Caballero famosa por usarla los comerciantes para lograr éxito en sus ventas. Paralelamente se dejaron de producir algunas oraciones, ya sea por la desaparición del culto o porque simplemente solo se mandaban a imprimir por millar una vez al año, es decir, cuando se acercaba la fiesta patronal y los mayordomos regalaban la oración como recuerdo al inicio de dicha celebración. Mucha gente aún venía desde provincia a surtirse de estos materiales, pues los padres o abuelos ya fallecidos, venían  con el “Señor Guerrero” cuando ellos eran aún niños acompañándolos mientras esperaban en la entrada, creando con esto una tradición familiar y en comunidad, en grosso modo de generación en generación se heredaba esta costumbre[9].

 

En la primera década del siglo XXI el taller aún existía,  hasta finales del año 2012 cuando los dueños del inmueble donde se albergaba desalojaron a la imprenta para rentar la antigua edificación, remodelarla para albergar un negocio de artículos “modernos”[10], llevándose a cuestas casi 110 años de historia del impreso religioso que hasta hace poco era totalmente desconocida; cuando en el año 2016, el Museo Nacional de la Estampa realizó la primera exposición introductoria o de acercamiento al género titulada Con licencia eclesiástica: el impreso religioso de los siglos XIX y XX, donde se mostró por vez primera una selección del repertorio devocional de este taller tipográfico, que debemos considerar un baluarte y pilar de la imprenta mexicana a lo largo del siglo XX y principios del XXI.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

[1] Agradezco a Alicia Guerrero, nieta del impresor, por proporcionarme el año de nacimiento y defunción de Guerrero, ya que en los pocos libros donde se le menciona, no hay datos cronológicos ni biográficos.

[2] Esta fecha es mi teoría, ya que antes de esa fecha no hay impresos procedentes de la imprenta. Según la cronología de J.G. Posada, este trabajó en 1901 para esta imprenta e ilustró hojas volantes. No he encontrado material religioso de esa época proveniente del taller de Eduardo Guerrero, pero estos datos ayudan a sustentar la fecha aproximada de la fundación de la imprenta. Para más información véase, Cronología de Posada en “Posada el Grabador Mexicano”, Centro Andaluz de Arte Contemporáneo / RM México/ España 2006, p. 99.

[3] Cano Monroy, Raúl. Con licencia eclesiástica, el impreso religioso de los siglos XIX y XX,  catálogo de exposición Museo Nacional de la Estampa / INBA/ CASA Mixtli, 2017, p. 56.

[4] Ídem, p. 56.

[5] Recordemos que anteriormente el proceso de impresión era totalmente diferente, en imprentas manuales y utilizando tipos móviles.

[6] Cano Monroy, Raúl, op. cit., p. 56.

[7] Cano Monroy, Raúl, op. cit., p. 57.

[8] Ruvalcaba, Patricia. “Más de 100 años en canciones, imágenes y novenas” en KM CERO Guía del Centro Histórico Núm. 6 Enero 2009. Consultado electrónicamente en : http://guiadelcentrohistorico.mx/kmcero/oficios-y-beneficios/m-s-de-100-os-en-canciones-im-genes-y-novenas

[9] Esto me lo comunico en el año 2011 un señor de unos 50 años de edad, cuando estaba en la imprenta comprando varias oraciones porque se venía la fiesta patronal del Señor Santiago, en un poblado del estado de México, y recordó como su abuela lo traía desde niño a comprarle ropa al centro y de paso pasaban a este establecimiento para llevarle a los hijos y vecinos oraciones, novenas y estampas del patrón del pueblo y de otros santos también.

[10] Cano Monroy Raúl, op. cit.

 

 

 

 

 

 

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